Saint-Exupéry: Volar con el cuerpo y el alma

Un hombre no muere si lo sobrevive su obra. Por eso podemos aseverar que el 29 de Junio cumple 110 años el padre de El Principito. Un hombre con una vida sorprendente que vivió en Argentina.

Saint-Exupéry pudo hacer lo que pocos logran simultáneamente: volar con el cuerpo y con el alma. Con el cuerpo volaba piloteando aviones, con el alma volaba piloteando la pluma de escritor.

En el año que comenzaba el siglo XX, la calle Alphonse Fochier se llamaba Peyrat en lo que antiguamente fuera el burgo de Lyon. Allí en lo que después fue el número 1 de esa calle era, en aquel año de 1900, el número 8. El dato no sería importante si no fuera porque ahí nació, el autor de El Principito.

En efecto, el 29 de junio de 1900, cerca de las 10,30 hs. en esa casona señorial y antigua nacía Antoine-Jean-Baptiste-Maríe-Roger, primer hijo varón del Conde Jean-Marie de Saint-Exupéry y de Madame Marie de Fonscolombe.


Antoine de Saint-Exupéry (2º de der. a izq.)

Cuatro años más tarde fallecía su padre y la familia se trasladó a Provenza, a la casa paterna de la viuda, que afrontar con la ayuda familiar la crianza de sus hijos ante la pérdida del padre. Su infancia transcurrió, entre el Castillo de la Môle , propiedad de su abuela de Fonscolombe, y el castillo de Saint-Maurice-de-Remens, cerca de Ambérieu, propiedad de la su tía, Madame de Tricaud.

Ya en su infancia Antoine daba muestras de su pasión por la literatura. Contaba su hermana Simona que el niño, “a las 11 de la noche, en camisa, envuelto en una frazada o en una carpeta de mesas, despertaba a sus hermanos diciendo: -Vengo a leerles unos versos..!! La protesta familiar por lo inoportuno de la hora era respondida con un -Despiértense, vamos al cuarto de mamá y si duerme la despertaremos también” .

Y allí estaban todos reunidos hasta la 1 de la mañana escuchando los versos de Antoine que “brotaban soleados, sanos de lo que le era grato, lo corriente lo que lo sorprendía. Aquello que veía, sentía en él u oía, se le sometía fácilmente al juego de la cadencia, como si la llevara en el pulso” , relataban sus familiares ante esos primeros escarceos literarios.

Tenía 12 años cuando hizo su primer vuelo de bautismo o sea, por primera vez subía y volaba en un avión. Fue cuando su familia pasaba las vacaciones de verano en Ambérieu. Próximo a ese lugar, al este de Saint-Maurice-de-Rémens, había un pequeño aeródromo. Antoine se pasaba horas con los mecánicos tratando de aprender sobre los aviones y su funcionamiento. El impacto que le causó su primer vuelo en un avión Berthaud-Wroblewski, fue tal que le inspiró incluso un poema:

"...Las alas temblaban bajo el soplo del atardecer, El motor con su canto mecía el alma adormecida, Y el sol nos rozaba con su luz lívida..."


Avión Berthaud que despertó en el escritor su pasión por volar

En   1921   cumplió con el   servicio militar   en el 2º   Regimiento de Aviación de Caza , en Neuhof, cerca de Estrasburgo. Allí con las enseñanzas de su instructor, Robert Aeby,   aprende a pilotear   realizando sus primeros vuelos, en un curso de Piloto Civil que le costea su madre, y que le da la oportunidad de obtener la patente de Piloto Militar sin necesidad de “engancharse” como militar, cosa que en verdad no deseaba. Su sueño era ser piloto civil.

Pero el instructor lo hacía volar poco, así que con su impaciencia y la complicidad de un soldado amigo, el conscripto mecánico Monoury, sacó un avión y salió a volar un biplano Sopwith, avión cuyo motor giraba en bloque con la hélice. Fue un despegue y un vuelo sereno, pero mucho le costó el aterrizaje cuando se dio cuenta que la velocidad con que llegaba a tierra ese avión, era mucho mayor que la del “Meufeu”, apodo que recibía el Maurice Farman en que realizaba el aprendizaje.

Poco tiempo después recibió su brevet de piloto civil y dos meses después de su llegada a Estrasburgo se le notificó, el 17 de Junio de 1921, que estaba destinado al 37º Regimiento de Aviación de Caza con asiento en Rabat, Africa..

En enero de 1922 el soldado Saint-Exupéry fue destinado a la base de Istres, cerca de Marsella y allí recibió su brevet de Piloto Militar.

En enero de 1923, sufre un grave accidente y a l finalizar su servicio militar, en Marzo, le fue ofrecido continuar como aviador militar, pero Antoine se rehusó, no era su intención esa carrera, quería elegir libremente su trabajo de aviador.

Sin embargo, el accidente que le costó una fractura de cráneo y un tiempo en coma, fue una alerta para su novia, quien junto a la familia de ella, pretendió hacerlo abandonar la aviación. Antoine, rompió su compromiso con Louise de Vilmorin y también, por otras razones, dejó la aviación militar y se empleó de oficinista. Fue también inspector de una fábrica de ladrillos y representante de los camiones Saurer, previo a haber trabajado y estudiado mecánica en la propia fábrica.

El 11 de octubre de 1926 recibe la convocatoria de la Compañía Latécoere y comienza su etapa como piloto civil y fue esa actividad, la de piloto profesional, la que junto a la de escritor serían en adelante las grandes pasiones de su vida.

Se incorporaba así a una línea aérea dedicada al transporte de correos y su destino inicial fue llegar de Europa a África, de Toulouse a Dakar.

Fueron años de muchas peripecias, alegrías y sinsabores, tranquilidad y peligros de todo tipo. Las tribus del desierto del Sahara fueron muchas veces hostiles. Hasta que la compañía le dio otro destino: Sud América y de este continente: Argentina.

El 12 de Octubre de 1929, Antoine-Jean-Baptiste-Maríe-Roger-De Saint- Exupéry llegaba a la Dársena Norte del Puerto de Buenos Aires, donde lo esperaban sus entrañables amigos y compañeros Jean Mermoz, Henri Guillaumet y Marcel Reine. Aquí iniciarían un nuevo proyecto: una línea áerea de correo que llegara a Chile, la Patagonia Argentina , Paraguay y Brasil desde Buenos Aires. La compañía se llamó Aeropostale Argentine.


Avión Late 25 de Aeroposta en Rio Gallegos. De izq. a der. Rufino Luro Cambaceres, Domingo Irigoyen, Auge, Saint-Exupéry, Primitivo Padilla y Vast.

El primer vuelo se realizó el 20 de Octubre de 1929 entre Buenos Aires y Comodoro Rivadavia. Las escalas fueron en San Antonio Oeste [cuyo aeródromo hoy se llama Saint-Exupéry] y Trelew. El avión era un Laté 25, predecesor del Laté 26 y del último modelo de la fábrica Latècoere, el Laté 28, recién incorporado a la línea aérea.

En el viaje de regreso llevó una pequeña foca que convivía con él en el departamento de Buenos Aires.

En seguida hizo un reconocimiento de la ruta a Asunción y aterrizando en Concordia, provincia de Entre Ríos, conoció a una familia entre cuyos integrantes estaban “Las Princesas de Argentina”, titulo primigenio del capítulo que luego se llamaría Oasis en su libro Tierra de Hombres.

Rufino Luro Cambaceres buscaba sitios apropiados para que la Aerolínea extendiera sus destinos hacia el sur y hacia el norte.

Saint-Exupéry llegó a Tierra del Fuego y quedó maravillado de sus paisajes: “donde el sol se acuesta a las diez de la noche… todo es verde: ciudades sobre césped.. y gente que, a fuerza de tener frío y de reunirse alrededor del fuego, se han hecho tan simpáticas”.

Durante muchos meses la Aeroposta creció e incorporó nuevos destinos, pero hacia fines de 1930, problemas políticos del propietario de la compañía en Francia fueron llevando a la empresa a la bancarrota.

Saint-Exupéry regresó a su patria a fines de Enero de 1931. Allá se encontró con una joven veinteañera salvadoreña, pero nacionalizada argentina, Consuelo Suncin Sandoval, viuda del diplomático argentino Gómez Carrillo, a quien conociera en Argentina y que fuera quien le inspiró el capítulo de la rosa, en el libro El Principito. En abril se casó con Consuelo en el castillo de Agay y luego partieron a Casablanca.

Antoine de Saint-Exupéry no dejaba de escribir mientras volaba o pasaba períodos en tierra. En su extensa producción literaria, laureada por la Academia Francesa de Letras, se cuentan las que están inspiradas en su paso por Argentina, Chile y Paraguay como Correo del Sur (1929), Vuelo Nocturno (1931) y Tierra de Hombres (1939) con un capítulo sobre nuestro país. También publicó Piloto de Guerra (1942), su obra máxima El Principito (1943) y Ciudadela que estaba escribiendo cuando murió y fuera publicada póstumamente en 1948.

El Principito, obra por la que lo reconoce la mayoría de la gente, la escribió en Nueva York, EE.UU, en una especie de exilio forzoso, un poco por aquí, un poco por allá. La versión definitiva la terminó en una casa en la playa, The Bevin House, en Asharoken, Long Island, New York, nos cuenta Dardo Lucero, un catamarqueño viajero que también nos envió esta fotografía de 3 E 52nd St. New York, NY, una de las casas donde también vivió el escritor y aviador francés.

De esa obra para niños con reflexiones para adultos, se han tomado cientos de frases que han recorrido el mundo entero y que las conocen y repiten aun aquellos que no han leido la obra. Una de las más famosas es la que se toma de la conversación del Principito con el Zorro, cuando éste le dice al niño: “On ne voit pas qu'avec le coeur. L'essentiel est invisible pour les yeux”, No se ve sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”.

El Principito fue traducido a 150 lenguas y vendió 80 millones de ejemplares, la obra más vendida de la literatura francesa.


Al llegar la Segunda Guerra Mundial Saint-Exupéry se incorporó a la avición militar y participó de la contienda como piloto observador. Pero distintos contratiempos lo alejaron una vez más de su gran pasión, el volar.

Se le hicieron estudios para ver si podía volver a pilotear aviones pero su estado de salud aparentaba muy mal. Sin embargo los exámenes no dieron signos de gravedad y se concluyó que su mal estaba en no pode volar y en no poder escribir con la libertad de antes, en un mundo en guerra.

Gestiones y más gestiones lograron que en marzo de 1944 fuera reincorporado y destinado a la 31º escuadra de Bombardeo mediano como Adjunto del Comandante. Coronel Chassin. Pero no era lo que quería, no quería ser un “paquete” sino un piloto y asi fue que luego de ingentes diligencias logró en Mayo de ese año ser autorizado a volar en misiones de combate.

En uno de los vuelos aprovechó para hacer un sobrevuelo sobre la Bahia de Agay, en el castillo de su infancia, que estaba ahora destruido por la guerra.

El 31 de Julio de 1944 Antoine de Saint-Exupéry salio en una misión de reconocimiento que prepararía un desembarco aliado en Provenza, en un avión Lockeed Ligthning P38. Y nunca regresó.


Avion Lockeed Ligthning P38, igual al que volaba Saint Exupery

Durante casi 60 años se conjeturó sobre cómo y donde había muerto. Pero en 1998, mientras se dragaban áreas cercanas a la isla de Riou, próximas al puerto de Marsella, en Francia, el buceador Jean Claude Bianco encontró en una pulsera con el nombre de Saint-Exupéry y de su esposa, la salvadoreña Consuelo Suncín, editor original  ( Reynal & Hitchcock ) en la ciudad de Nueva York, asi como un fragmento de su uniforme, pero nunca se encontraron restos de su cuerpo.

Un par de años después, en 2000, trozos de metal del Lightning P38 fueron detectados por un submarinista profesional, Luc Vanrell, aunque   los expertos tuvieron que esperar hasta octubre de 2003   para obtener la autorización de sustraer los restos.

“El número de chasis 2734 permitió identificar definitivamente los restos encontrados cerca de Marsella como pertenecientes al avión de Saint-Exupéry ”, afirmó el historiador Philippe Castellano. Las piezas del aparato estaban corroídas después de permanecer durante poco menos de 60 años en el agua, por lo que fue necesario limpiarlas mediante ácidos, lo que permitió identificar el número de chasis.


Restos del Motor del Avión Lockeed Lightning P38 en el que murió Saint Exupery

“Se trata del número de fábrica que la compañía Lockheed fijaba sobre sus aviones en la cadena de montaje”, que corresponde a la matrícula 42-68223 militar del avión de Saint-Exupéry ” , dijo el experto.

Los restos hallados a 70 metros de profundidad están severamente dañados y doblados, lo que hace pensar que la aeronave debió impactar con el agua a gran velocidad. El Departamento de Investigaciones Arqueológicas Submarinas (Drassm) informó que los restos fueron hallados al este de la isla de Riou, en el mismo lugar donde en 1998 se encontró la pulsera.

Pero el gran misterio sobre qué pasó se develaría no hace mucho tiempo cuando un ex piloto de la Luftwaffe alemana, convertido luego en periodista deportivo, decidió revelar  a  la prensa internacional que había sido él quien derribó el avión que piloteaba Antoine de Saint-Exupéry . Horst Rippert justificó su silencio diciendo que “ Imáginese en qué habría quedado mi carrera si se hubiera sabido lo que hice durante la guerra ”.  

Horst tenía sólo 22 años cuando los radares alemanes detectaron el avión de Saint-Exupéry en los alrededores de Marsella. "La orden que recibí fue de derribarlo inmediatamente... y eso fue lo que hice. Obedecer órdenes es la ley durante una guerra", dijo Rippert, quien vive en la ciudad de Wiesbaden (Alemania). "Por mucho tiempo me negué a mi mismo que había sido yo quien derribara el avión de Saint-Exupéry ... uno de mis ídolos de la niñez por sus muchos libros, los cuales leí en su totalidad. Volaba yo sobre el Mediterráneo, y no había otra alternativa que derribar cualquier avión enemigo que surgiera en el aire... El avión que divisé... en efecto, un P-38... tenía el emblema francés, y tuve que abrir fuego.¡Así son las situaciones que presenta toda guerra! Hoy pienso que de haber sabido quien piloteaba aquel avión, jamás habría seguido las órdenes que recibía desde tierra... No habría podido causar la muerte de uno de los hombres que más he admirado en mi vida".
 
Horst Rippet, piloto alemán que dice haber derribado a Saint-Exupéry

Los restos del avión de Antoine Saint-Exupéry , que fueran encontrados y recuperados en las inmediaciones del puerto de Marsella, se hallan en el  Museo del Aire y del Espacio , en Le Bourget (Francia).

Como decíamos al comienzo: un hombre no muere si lo sobrevive su obra. Antoine no murió, simplemente inició un vuelo hacia nuevos horizontes, hacia nuevos desafíos, nada más y nada menos que hacia la eternidad, pero dejándonos de consuelo parte de su alma en las hojas de sus libros que se reeditan con los años, porque ese espíritu impreso, más que una reencarnación, es su forma de estar volviendo siempre.

Textos: Rodolfo Lobo Molas
Fuentes: Le Petit Prince, A. de Saint Exupery, editeur Gallimard, France, 1981.
Vida de Antoine de Saint Exupery de Luis Rodríguez Aybar, Aciar Viera, editor, Buenos Aires, 1981.
Internet, letralia.com, elmundo.es
Fotos: Dardo Lucero, Rodríguez Aybar, Raymond Duriez, Internet.
Producción: CatamarcaPress.

 

 

 
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
                         
 

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