El Zonda

Muchas de las leyendas del noroeste argentino, son comunes a varias provincias. Y en cada región tienen matices propios. Así, en los pagos del Oeste catamarcano, se cuenta que, en las épocas de los bravos diaguitas, vivía un indio famoso por sus fechorías, andanzas y habilidades llamado Gilanco. Dicen que incluso ayudó a los conquistadores con datos sobre tribus y lugares. Porque también entre los nativos había traidores, embusteros, aprovechadores, aunque la malsana historia del blanco, pretendiera hacer de estas conductas, la cualidad general de los aborígenes. Pero Gilanco era un indio malo. Era tal su desprecio por la naturaleza que la Pachamama lo condenó a un castigo terrible y perpetuo.

Diestro como pocos con el arco y la flecha, hacía maravillas en todas las destrezas de las fiestas del Chiki, con las que los diaguitas trataban de agradar a esta deidad para que no produzca años malos en la agricultura y ganadería. Tales atributos lo convirtieron en valeroso y temido kuraka que gobernaba tiránicamente a numerosos pueblos que habitaban la zona de Andalgalá y los pueblos circundantes.

Cegado por su poder y su fama, Gilanco daba rienda suelta a su más grande pasión: la caza. Pero no tenía límites. Le daba igual cazar animales grandes que cazar tekes. Para él lo importante era que sus certeras flechas dieran en el blanco y luego su comitiva cargaba los frutos de las voraces cacerías. Para la naturaleza de la comarca era como el Lobo de Gubbia de Rubén Darío: “bestia temerosa de sangre y de robo... rabioso ha asolado los alrededores, cruel ha desecho todos los rebaños...”

Cierta vez, bajo la sombra de un añoso algarrobo, Gilanco descansaba una calurosa siesta de verano, mientras sus indios dormían y él velaba presa de una rara inquietud.

De pronto quedó paralizado por la visión : frente a él estaba “el Dueño de las aves”, el mismísimo Llastay. Porque para el nativo, aves son todas los animales del suelo, incluyendo los pájaros.

Gilanco lo miraba entre extasiado y asustado, a pesar de su valor inconmovible, mientras le escuchaba decir:

-“¿Quién te crees que eres, Gilanco? ¿No sabes acaso que todo lo que ves a tu alrededor lo puso la Pachamama para que sirva a tu gente? ¿Por qué te empeñas en destruir cuánto está a tu alcance? ¿Por qué no cazas las aves que te sean necesarias y dejas libres a las demás? ¿Cómo puedes cazar tekesitos, si sabes que no está permitido por la Pachamama ? Piensa que a pesar de tu arrogancia y tu temeridad puedes ser castigado. Y el castigo te humillará y te hará perder prestigio entre tu gente. No abuses más de la paciencia y la misericordia de la Pachamama. Ya te he avisado.”

Durante muchos días Gilanco quedó en silencio. Su familia y sus súbditos no se animaban a preguntar al gran kuraka qué le ocurría ni por qué estaba tan cabizbajo, como entristecido.

Pasó el tiempo y poco a poco fue saliendo del encierro en el que había puesto presa a su alma. Sólo quedaban en su recuerdo los ojos profundos y graves del Llastay.

Una mañana, sin mayores explicaciones, reunió a sus hombres de confianza y “salió para las aves”. Y una vez más en la naturaleza se sintió como al Lobo de Gubbia de Rubén Darío que nuevamente “colmaba el espanto los alrededores, pues la bestia fiera no dio treguas a su furor jamás, como si tuviera fuegos de Moloch y de Satanás” pues volvió a sus fechorías y a sus matanzas.

Y ya no respetó animal sobre la tierra ni pájaro del cielo, ni se apiadó de los tekes ni de los pichones ni de cuánto ser viviente se viera sobre las calurosas planicies o montañas.

Cierta vez, como aquella de la aparición del Llastay, estaba Gilanco descansando a la sombra de un frondoso Árbol, el mismo Taku de aquella tarde, cuando de pronto se le apareció la Pachamama. ¡Cuánto miedo tuvo el indomable kuraka! ¡Nada menos que Ella, la madre de la tierra, la dueña de todo!

Con voz firme y autoritaria, la Pachamama , en ocasiones de una dulzura conmovedora, hablaba ahora con una energía que asustaba al guerrero más valiente. Miró a Gilanco con ojos severos y le dijo:;

-“Gilanco: No has escarmentado. A pesar de haber entendido el mensaje que te envié con Llastay, has osado desafiarme, desobedecerme o, lo que es peor, ignorarme. Pero sobre todo has hecho demasiado daño a la tierra, a la naturaleza, a las plantas, a las aves, a los pájaros y a los hombres y mujeres de la comarca. Has faltado al respeto que me tributaban tus mayores y te has olvidado que de mí dependen las buenas o las malas épocas de cosechas y aguas, como de lo que haga también el Chiki”.

Gilanco la miraba inmóvil, como petrificado, mientras un estremecimiento de miedo y arrepentimiento recorría su ancha espalda.

-“Gilanco, continuó la Pachamama , no te quitaré el don de la vida todavía. Debes aún purgar tu falta, y por eso sufrirás la amargura de otro castigo. Por tu culpa enviaré a todos los pueblos de la región al Zonda, hijo del Wayra que me obedece y él secará el agua de los ríos, y cubrirá los campos de médanos, y las plantas se volverán ralas y sin frutos y las que los tengan verán caer sus flores antes de tiempo y los hombres y mujeres de las tribus por ti sojuzgadas te maldecirán por todos los tiempos”.

Así como llegó, la Pachamama desapareció dejando a Gilanco sumido en una profunda congoja y recordó entonces las enseñanzas de sus mayores en el respeto a la tierra y el culto de la Pachamama.

Lentamente se fue consumiendo en su tristeza y no hubo quién, ni sus esposas ni sus hijos, ni sus vasallos ni nadie en la tribu que pudiera regresar la arrogancia, el valor y la sonrisa al alma y al rostro del otrora indomable Gilanco, hasta que lo sorprendió la muerte sumido en un profundo desconsuelo.

Desde entonces El Zonda recorre los llanos y las montañas del Oeste catamarqueño, llega al Valle, aleja las lluvias, hace caer las flores antes de cuajar en frutos, no le da tiempo al maíz a muñequear, destruye todo lo que encuentra a su paso, nidos, plantas, ranchos y deja en los hombres a veces una pesadez que como somnífero quita la voluntad de trabajo y otras enardece los espíritus de tal modo que el malhumor hace presa de ellos y los arrastra a cometer actos insanos.

La otrora selvática vegetación de la zona, se ha convertido en un bosque ralo de vegetación escuálida, de plantas espinudas, de hojas pequeñas y un suelo polvoriento y salitroso, donde la sequía y el calor son constantes entre los pobres habitantes y sus animales que recorren esas regiones.

Cuando en los calurosos días del verano o en las gélidas tardes del invierno sopla incontenible El Zonda, se escucha entre las ramas de las escuálidas plantas de las infértiles regiones o entre las piedras de las solitarias pirkas, un silbido fantasmal que, dicen, es el alma del kuraka, que cabalgando en el Wayrapuka, está condenada a vagar por sobre esos campos que él mismo desolara, como pidiendo perdón por su maldad de antaño.

Glosario:

Árbol: en Catamarca se le dice “árbol” al algarrobo. A los demás se los llama por su nombre.

Aves: en el lenguaje autóctono significan todos los animales silvestres, sean principalmente terrestres que caminan este suelo, o también las aves que recorren el cielo provinciano. Las aves mayores son los cuadrúpedos y las menores, el resto. En Catamarca se dice “ir pa' las aves”, que es ir de caza. Para los Juríes el Suri no era ave para cazar y al parecer tenía un cierto carácter religioso o sagrado, o tal vez porque lo identificaban con sí mismos en el caso de los Juríes y la fiesta del Chiki.

Chiki : Dios de la adversidad, de la mala fortuna y del daño. Se le hacían diversas festividades, sobre todo por parte de los Juríes.

Kuraka : era el cacique de la tribu o Gobernador de un pueblo de indios, gozando de un tratamiento de Don, también para la mujer y el hijo mayor.

Llastay: El Llastay es el genio “Dueño de las aves”, que en el lenguaje autóctono significan todos los animales silvestres, sean principalmente terrestres que caminan este suelo, o también las aves que recorren el cielo provinciano. Las aves mayores son los cuadrúpedos y las menores, el resto. En cambio para Lafone Quevedo son los animales para la caza, pero no los pájaros porque éstos vuelan.

Muñequear: se dice del choclo cuando comienzan a salirle las barbas, es pequeño y aún no está maduro para ser cortado.

Pachamama : Hoy es la principal deidad de las creencias andinas. Pacha es universo, tierra, mundo. Mama es madre. Se traduciría como: madre o dueña del universo, la tierra, el mundo, generalizado como Madre Tierra.

Taku o Taco: Nombre dado al algarrobo.

Teke o Teque: cría pequeña aún y tierna de los guanacos, vicuñas, llamas, etc.

Texto: Rodolfo Lobo Molas, del Libro Catamarca, Ensueño y Leyenda, de su autoría, Edición Secretaría Extensión Universitaria, Universidad Nacional de Catamarca, 2005.

Fotos: Leandro Montaña, Folkloredelnorte.com.ar, Internet, CatamarcaPress.

 

 

 

 

 
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
                         
 

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