Esto también es historia: La madre de la Patria

Cuando a los argentinos se nos pregunta por el Padre de la Patria , por muchos motivos, algunos de los cuales ya veremos mas adelante, respondemos: El General San Martín!. Pero ¿qué sucede cuando nos preguntan por la Madre de la Patria ?.


Cierta noche del frío mes de agosto de 1827 el General Viamonte caminaba con su escolta por la Plaza de la Recova (hoy Plaza de Mayo), de pronto, una anciana andrajosa se le acercó a pedirle limosna. Viamonte notó en ella algo familiar, le preguntó  ¿Cómo se llama usted señora?  . La respuesta lo dejó perplejo:  “Me llamo María Remedios del Valle”  . El General miró a sus escoltas y les dijo:  “Señores, ¡Esta mujer es la madre de la Patria !”  . La pobre anciana dijo:  “así me llaman los soldados, también me dicen La Capitana ”.  

Negra, esclava y pobre, había participado de la defensa de Buenos Aires en 1807 durante las Invasiones Inglesas, asistía a los heridos en los Corrales de Miserere (actual plaza Miserere). El 6 de junio de 1810 marchó junto su marido y dos hijos, además de otros negros para unirse al Ejército del Norte que comandaba el General Manuel Belgrano. 


Durante la Batalla de Tucumán, María se presentó ante Belgrano para solicitarle que le permitiera atender a los heridos de las primeras líneas de combate. Belgrano, siempre reacio a la participación femenina en sus tropas, le negó el permiso, pero eso no la detuvo: durante la contienda, se filtró entre las líneas de retaguardia y llegó al centro de la lucha, donde asistió a los soldados. Estos, conscientes del rol histórico que cumplía en esa lucha contra los realistas, comenzaron a llamarla la “Madre de la Patria ”. Belgrano no pudo más que rendirse ante la evidencia de su valor y la nombró Capitana de su ejército.


Perdió a su familia en las batallas de Vilcapugio y Ayohuma, cayó prisionera y fue castigada en público durante días, recibió azotes y otras torturas. Escapó y volvió a unirse al ejército de Belgrano en Tucumán. Se la vio en las batallas junto a Martín de Güemes y también junto a Álvarez de Arenales.


Su General, Manuel Belgrano volvió a Buenos Aires y fue arrestado, las derrotas sufridas eran motivo para encarcelarlo. Si el propio Belgrano moriría luego olvidado y pobre, imaginemos como le iría a una negra pobre que volvía tan derrotado como él.


El 11 de septiembre de 1827 Viamonte decía ante la Junta de Representantes  “Esta mujer es realmente una benemérita. Ella ha seguido al Ejército de la Patria desde el año ‘10. Es conocida desde el primer general hasta el último oficial en todo el Ejército. Es bien digna de ser atendida: presenta su cuerpo lleno de heridas de balas y lleno, además, de cicatrices de azotes recibidos de los españoles. No se la debe dejar pedir limosna (...) Después de haber dicho esto, creo que no habrá necesidad de más documentos”  . Pero, los diputados Gamboa, Aguirre y Alcorta alegaban que no había pruebas que justificaran reconocimiento alguno para esta mujer y de haberlas tendría que definirse quién pagaría esa pensión, si la Nación ó la Provincia de Buenos Aires. 


Tomás de Anchorena, aquel diputado por Buenos Aires comisionado a rescatar los papeles jujeños en Tucumán, impulsivo como era, tomó la palabra y dijo:  “Efectivamente, esta es una mujer singular. Yo me hallaba de secretario del General Belgrano cuando esta mujer estaba en el Ejército. No había acción en que ella pudiera tomar parte que no la tomase y en unos términos en los que podía competir con el soldado más valiente. Admiraba al general, a los oficiales y a todos cuantos acompañaban al Ejército. Belgrano era un general muy riguroso: no permitía que siguiese mujer al Ejército y ésta era la única que tenía la facultad para seguirlo. Yo oí al mismo Belgrano ponderar la oficiosidad y esmero de esta mujer. Ella debe ser el objeto de la admiración de cada ciudadano y, donde quiera que vaya, debe ser recibida en brazos y auxiliada con preferencia a un general”.  


Luego de un arduo debate se decidió otorgarle la pensión y no sólo eso: a pedido del diputado Lagos, se votó crear una comisión que  “componga una biografía de esta mujer y se mande a imprimir y publicar en los periódicos, que se haga un monumento y que la comisión presente el diseño de el y el presupuesto”.  La sesión se cerró entre aplausos de emoción. Fue incorporada a la plana del Ejército por el gobernador Juan Manuel de Rosas y la mujer decidió cambiar su nombre por el de Remedios Rosas.


Pero ¿Cuándo recibió María Remedios todos esos reconocimientos por haber entregado su vida y familia a la Patria ?. Nunca, todo fueron palabras, ni la Junta ni el Gobierno de Rosas avanzaron en el cumplimiento de lo dispuesto. La Madre de la Patria murió, mendigando en las calles de la Buenos Aires que ella misma defendió en 1807.


Investigación y textos: Juan Pablo Navarro

Fuentes:
La Capitana – Diego Rojas
María Remedios del Valle – Néstor Forero
Mujeres de la Revolución – Armando Fernández
Producción: Catamarcapress © 2010.-

 

 

 

 
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
                         
 

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