Sed de cielos y Distancias
Dos mujeres, dos destinos
                                    Cap II

En la misma fecha, pero con 69 años de diferencia, fallecían las dos alumnas predilectas del piloto acróbata Santiago Germanó: Carola Lorenzini y Charito Germanó. El 23 de noviembre marca ya el día del recuerdo para dos de las más grandes figuras de la acrobacia aérea argentina. En esta serie vamos conociendo la historia de estas dos grandes acróbatas. En el número anterior nos referíamos a la vida de Charito Germanó. Ahora hacemos lo propio con Carola Lorenzini, su predecesora en el tiempo.

El 23 de Noviembre de 2010 a las 21.15hs, en Mar del Plata, fallecía Charito Germanó  y como dijimos en el capítulo anterior, vinieron a buscarla -como le ocurriera a Juan Salvador Gaviota- dos gaviotas de luz que la habían precedido en el vuelo a un nuevo cielo: Carola Lorenzini y Santiago Germanó.

69 años antes, el 23 de noviembre de 1941, Carola Lorenzini, iniciaba un vuelo acrobático que se prolongó, ese fatídico día, en un vuelo hacia la eternidad.
Carolina Elena Lorenzi, llamada popularmente Carola, había nacido el 15 de agosto de 1899 en Empalme San Vicente (un paraje que hoy es la ciudad llamada Alejandro Korn), partido de San Vicente, provincia de Buenos Aires; hija de Jose Lorenzini y Luisa Piana, y tuvo ocho hermanos.- Su padre se ganaba la vida como zapatero, mientras que Carola fue una gran deportista y practicó equitación, remo, atletismo, salto,  jabalina y hockey. En 1925 fue campeona de atletismo y fue una de las primeras mujeres en manejar un auto por las calles de San Vicente, según relata María Angélica Medina, aviadora con más de diez mil horas de vuelo y quien formó parte de la Organización Femenina de Aeronavegantes (Orfea). Medina perteneció a una familia amiga de los Lorenzini.


Volaba un Focke Wulf FW44 Stieglitz .

Era Carola un ser muy especial, una mujer que se destacó en su época por su manera de ser y vivir. Cuentan que adoraba la tierra y el cielo de Argentina. Le apasionaban las cosas autóctonas. Llevaba a su casa cuanta cosa encontraba en sus viajes y que le gustara como  mantas indias, arcos, flechas, boleadoras, espuelas y tantas otras cosas propias del hombre de campo y de los pueblos originarios y con esos elementos adornaba su habitación. Pero además vestía con bombachas criollas, botas y campera de cuero, por lo que la llamaban también  “la aviadora gaucha”.

Si tenemos en cuenta la época en que vivió y desarrolló su actividad, la década de 1930, podemos entender la osadía, el valor y la voluntad de esta mujer, para realizar actividades que eran “cosas de hombres”. Fue una alumna brillante y junto a su maestro Santiago Germanó, eran los únicos que por esos años eran capaces de realizar una maniobra acrobática de gran riesgo.: el looping o rizo invertido.

A los 34 años recibió -el 4 de noviembre de 1933- la licencia de Aviador Civil Internacional nº 436 y poco tiempo después recibió la de Instructor de Vuelo, siendo la primera mujer de Sudamérica que la obtuvo.
Pero luego, fascinada por las piruetas que  Santiago Germanó ejecutaba con tanta maestría sintió que su pasión pasaba por esa arista de la aviación y logró convertirse en la compañera inseparable de las actividades acrobáticas del Maestro no solo por todo el país, sino también por el extranjero.

Y así fue cosechando éxitos. El 31 de marzo de 1935, apenas un año y medio después de haberse recibido de Piloto, Carola Lorenzini conquista el récord sudamericano de altura alcanzando los 5381 m, con un avión AéC3, producido en nuestro país. Pero lo llamativo de esta hazaña está en que lo hizo con un avión de cabina abierta y sin máscara de oxígeno.



 “Terminada la prueba, el coronel Zuloaga felicita a la señorita Lorenzini, por su meritoria performance.” Fuente: La Razón, abril 1 de 1935

Ese mismo año (el 13 de noviembre) cruzó -volando en solitario- el Rio de la Plata con un avión Fleet 51, debiendo superar algunas dificultades como que le falló el altímetro y tuvo que enfrentar bruma en su vuelo, pero pudo aterrizar sin inconvenientes en unos terrenos cercanos a El Carmelo, en la vecina Uruguay.

Mientras hacía todas estas actividades aéreas, sus ingresos provenían de su puesto en la Empresa de Teléfonos, donde de a poco comenzó a faltar más asiduamente para cumplir con sus compromisos aéreos.

Sin embargo, no pudo efectuar el vuelo de acompañamiento a la llegada del Graf Zeppelín. El diario El Mundo relata el hecho: “El día de la llegada del Graf Zeppelin, una aviadora argentina, la señorita Lorenzini, estaba designada por el Aero Club Argentino para efectuar el vuelo de homenaje a la nave aérea. Sin embargo, su jefe inmediato no le otorgó el permiso que le solicitó para faltar a sus horas de oficina, es decir, el sábado 30 de 9 a 12. Así, la simpática aviadora tuvo que quedarse en su puesto de burócrata y renunciar a las alas por un día. Cualquier mujer hubiera tenido por lo menos una pataleta, pero ella sonrió y trabajó con todo su aplomo. ”. No sabemos si con tanto aplomo, pero la realidad es que finalmente en 1939, la compañía de teléfonos la echó por sus reiteradas faltas.

Carola Lorenzini visitó el interior de nuestro país a bordo de su Focker Wulf, y cada vez que aterriba miles de personas se acercaban a ver a esta mujer famosa por su destreza a bordo de los aviones. Pero ella aterrizaba muy lejos del lugar donde se suponía que iba a hacerlo para evitar que el fervor popular y la ignorancia sobre el peligoro inminente, causara algún accidente con el avión, sobre todo con la hélice en movimiento. Luego, como amante de todo lo criollo, llegaba a caballo hasta el público que la esperaba.
En 1940 hizo un raid por las entonces 14 provincias argentinas y en 1941 obtuvo su licencia de Piloto Comercial.
Con motivo del Raid la prestigiosa revista El Gráfico le dedicó su tapa, indicando; HACE PATRIA. Carola Lorenzini, que es uno de los más hábiles pilotos de la aviación argentina sin distinción de sexo, ha acometido otra de sus grandes empresas. Por todos los cielos del país va en el comando de un Focke Wulf, en misión patriótica y desinteresada, para demostrar la bondad de las máquinas de construcción nacional.”


Tapa de El Grafico, 5 de abril de 1940.

 

Pero su pasión era la acrobacia, allí era donde se sentía libre y volaba más feliz que en cualquier otro tipo de vuelos.
Era ya una leyenda, la gente acudía a los campos donde llegaba no solo a verla, sino se llegaban tambien enfermos que creían que un viaje con la aviadora sería razón suficiente y valedera para su curación. Se estaba convirtiendo en una especie de santa popular.

Nadie sabe el día ni la hora en que el Supremo Hacedor habrá de llamarnos. Y desde luego Carola tampoco presagiaba lo que le ocurriría aquel 23 de noviembre de 1941.
Habían llegado a Argentina un grupo de aviadoras uruguayas y a Carola le pidieron que hiciera un vuelo de exhibición acrobática. No estaba anímicamente en condiciones de hacerlo, pero lo hizo. Así relataba María Angélica Medina los sucesos de aquel día: “Ella estaba suspendida por un año, pero le fueron a pedir por favor que participara de la exhibición porque era la mejor. Era muy brava. Y estaba muy enojada por algo, por alguna perrada que le habrían hecho. Tampoco era su avión, no lo pudo probar, tal vez estaba muy cargado de nafta. Esto es muy importante en la acrobacia, ya que el peso del avión tiene que estar muy controlado. Lorenzini entró en el looping invertido y –esto es lo que pienso yo– como estaba rabiosa y renegada, lo quiso hacer mucho más bajo. Fue fatal. Si hubiera tenido más metros, no se hubiera matado.



Los restos del avión de Carola Lorenzini

Otros cuentan sobre los motivos del enojo que la relación de Lorenzini con las autoridades que patrocinaban el evento era pésima: hacía un año que estaba suspendida, y los motivos parecen ser una fuerte discusión que mantuvo con la Aviación Militar por la falta de provisión de nafta para sus vuelos. 
De todos modos, sea cual fuere el motivo del enojo, Carola inició ese día lo que sería su último vuelo. Y aunque su cuerpo quedó entre los destrozados restos de un avión que no era el suyo, su alma se elevó en un vuelo hacia el más allá, más  allá de las terrenas ataduras, más allá de las mezquindades humanas, más allá de los tipos de aviones y de los problemas de los combustibles, en definitiva, voló hacia la libertad.

En el próximo capítulo, la palabra de un amigo en común de Carola Lorenzini y CatamarcaPress, quien nos cuenta sobre la amistad que cultivaron entre ellos.

Textos: Rodolfo Lobo Molas
Fuentes: gdescalzo.com.ar, taringa.net, Carola Lorenzi de Carlos  Maldonado, en http://ar.oocities.com/ulises6677/lorenzini.html
Fotos: Internet, ar.oocities.com/ulises6677/lorenzini.html
Producción: CatamarcaPress © 2010


 

 

 
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
                         
 

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