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Sed de cielos y Distancias En la misma fecha, pero con 69 años de diferencia, fallecían las dos alumnas predilectas del piloto acróbata Santiago Germanó: Carola Lorenzini y Charito Germanó. El 23 de noviembre marca ya el día del recuerdo para dos de las más grandes figuras de la acrobacia aérea argentina. En esta serie vamos conociendo la historia de estas dos grandes acróbatas. En el número anterior nos referíamos a la vida de Charito Germanó. Ahora hacemos lo propio con Carola Lorenzini, su predecesora en el tiempo. El 23 de Noviembre de 2010 a las 21.15hs, en Mar del Plata, fallecía Charito Germanó y como dijimos en el capítulo anterior, vinieron a buscarla -como le ocurriera a Juan Salvador Gaviota- dos gaviotas de luz que la habían precedido en el vuelo a un nuevo cielo: Carola Lorenzini y Santiago Germanó. 69 años antes, el 23 de noviembre de 1941, Carola Lorenzini, iniciaba un vuelo acrobático que se prolongó, ese fatídico día, en un vuelo hacia la eternidad.
Era Carola un ser muy especial, una mujer que se destacó en su época por su manera de ser y vivir. Cuentan que adoraba la tierra y el cielo de Argentina. Le apasionaban las cosas autóctonas. Llevaba a su casa cuanta cosa encontraba en sus viajes y que le gustara como mantas indias, arcos, flechas, boleadoras, espuelas y tantas otras cosas propias del hombre de campo y de los pueblos originarios y con esos elementos adornaba su habitación. Pero además vestía con bombachas criollas, botas y campera de cuero, por lo que la llamaban también “la aviadora gaucha”. Si tenemos en cuenta la época en que vivió y desarrolló su actividad, la década de 1930, podemos entender la osadía, el valor y la voluntad de esta mujer, para realizar actividades que eran “cosas de hombres”. Fue una alumna brillante y junto a su maestro Santiago Germanó, eran los únicos que por esos años eran capaces de realizar una maniobra acrobática de gran riesgo.: el looping o rizo invertido. A los 34 años recibió -el 4 de noviembre de 1933- la licencia de Aviador Civil Internacional nº 436 y poco tiempo después recibió la de Instructor de Vuelo, siendo la primera mujer de Sudamérica que la obtuvo. Y así fue cosechando éxitos. El 31 de marzo de 1935, apenas un año y medio después de haberse recibido de Piloto, Carola Lorenzini conquista el récord sudamericano de altura alcanzando los 5381 m, con un avión AéC3, producido en nuestro país. Pero lo llamativo de esta hazaña está en que lo hizo con un avión de cabina abierta y sin máscara de oxígeno.
Ese mismo año (el 13 de noviembre) cruzó -volando en solitario- el Rio de la Plata con un avión Fleet 51, debiendo superar algunas dificultades como que le falló el altímetro y tuvo que enfrentar bruma en su vuelo, pero pudo aterrizar sin inconvenientes en unos terrenos cercanos a El Carmelo, en la vecina Uruguay. Sin embargo, no pudo efectuar el vuelo de acompañamiento a la llegada del Graf Zeppelín. El diario El Mundo relata el hecho: “El día de la llegada del Graf Zeppelin, una aviadora argentina, la señorita Lorenzini, estaba designada por el Aero Club Argentino para efectuar el vuelo de homenaje a la nave aérea. Sin embargo, su jefe inmediato no le otorgó el permiso que le solicitó para faltar a sus horas de oficina, es decir, el sábado 30 de 9 a 12. Así, la simpática aviadora tuvo que quedarse en su puesto de burócrata y renunciar a las alas por un día. Cualquier mujer hubiera tenido por lo menos una pataleta, pero ella sonrió y trabajó con todo su aplomo. ”. No sabemos si con tanto aplomo, pero la realidad es que finalmente en 1939, la compañía de teléfonos la echó por sus reiteradas faltas. Carola Lorenzini visitó el interior de nuestro país a bordo de su Focker Wulf, y cada vez que aterriba miles de personas se acercaban a ver a esta mujer famosa por su destreza a bordo de los aviones. Pero ella aterrizaba muy lejos del lugar donde se suponía que iba a hacerlo para evitar que el fervor popular y la ignorancia sobre el peligoro inminente, causara algún accidente con el avión, sobre todo con la hélice en movimiento. Luego, como amante de todo lo criollo, llegaba a caballo hasta el público que la esperaba.
Pero su pasión era la acrobacia, allí era donde se sentía libre y volaba más feliz que en cualquier otro tipo de vuelos. Nadie sabe el día ni la hora en que el Supremo Hacedor habrá de llamarnos. Y desde luego Carola tampoco presagiaba lo que le ocurriría aquel 23 de noviembre de 1941.
Otros cuentan sobre los motivos del enojo que la relación de Lorenzini con las autoridades que patrocinaban el evento era pésima: hacía un año que estaba suspendida, y los motivos parecen ser una fuerte discusión que mantuvo con la Aviación Militar por la falta de provisión de nafta para sus vuelos. En el próximo capítulo, la palabra de un amigo en común de Carola Lorenzini y CatamarcaPress, quien nos cuenta sobre la amistad que cultivaron entre ellos. Textos: Rodolfo Lobo Molas |
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