Yo lo’ i visto al Duende

En las grandes ciudades que presumen de cultas y desarrolladas, suelen descreer de los relatos pueblerinos y provincianos. En Catamarca abundan este tipo de historias, cuyos protagonistas están convencidos de haberlas vivido. ¿Sugestión, superstición, realidad?, no lo sabemos, pero sí los transcribimos.

Dicen que cuando Dios echó a los Ángeles del Paraíso y los mandó al Infierno, convertidos en Diablos, la Virgen, dolorida de ver que eran tantos, le pidió a Dios suspender el castigo. Entonces el Señor dijo: ¡Basta!, y los que ya habían salido del Cielo pero no habían llegado al Infierno quedaron flotando en el medio de la travesía y se convirtieron en Duendes, extraños personajes que están en la mitad del camino entre el bien y el mal. Una especie de Diablos más buenos, pero diablos al fin.
En algunas partes se dice que los Duendes son las almas de los niños muertos sin bautizar y se recomienda que sean sepultados a orillas de un río para que los bautice San Juan el Bautista en la noche de la celebración de San Juan.

Este relato lo recogimos en la Villa Turística de Guayamba, Departamento El Alto, provincia de Catamarca, en un verano de tantos en que nos encontrábamos de vacaciones en ese paradisíaco lugar.

Luego de haber realizado algunas diligencias en parajes cercanos volvíamos a la casa familiar, donde nos esperaba María con un grupo de personas que la acompañaban.

-Eeeehhhh!!!, ya se ibamo’!!!, nos dijo María cuando bajamos del vehículo. Hace como dos horas que loh estamo esperando. Ya se tenemos que ir porque nos van a ir a buscar en las casas, en El Alto.

Ya habían instalado la mesa y los utensilios para el mate antes que volviéramos.

María era una mujer mayor, cuya edad por coquetería no revela, conversadora, siempre tiene historias de hechos que le han ocurrido durante su niñez o primera juventud y muchos de ellos están relacionados con casos de aparecidos, creencias y hechos paranormales. Asegura siempre que  todas esas historias ocurridas en aquellos lejanos años en que vivía en la Villa El Alto, han sido ciertas.

Miembro de una familia numerosa su vida transcurrió en un ambiente campestre, en medio de privaciones y necesidades, aunque nunca faltó la comida en su mesa.  Y como toda mujer de campo tuvo que trabajar al lado de los varones ayudando en todo lo que fuera posible.

Siempre cuenta cosas y cuando lo hace, asegura que son ciertas.

Era una tarde fresca del verano de 2004. Estábamos un grupo en Guayamba, reunidos alrededor del mate que cebaba Sara, recién llegada de Buenos Aires a donde la llevó la vida hace más de un cuarto de siglo, disfrutando de un riquísimo pan casero, mientras escuchábamos los relatos de María con atención; así oímos esta nueva historia.

Yo lo’i visto al Duende. Cuando yo era chica, dijo, ‘i visto al duende. En serio, es verdá, yo lo’i visto. Diz que cuando hay chicos sale el Duende.

Estábamos los chicos jugando en la casa mientras los grandes habían ido hasta la casa de al lao, de unos vecinos.

Entonces yo me quería ir para ahí y cuando ‘i decidío  irme me ha salío de pronto el Duende. Y yo lo’i visto. Era un hombrecito así y con un sombrero grande, y hace un gesto señalando una altura como de un metro.

El Duende me ha mirao y si ha ido pa’ fuera. Y si ha ido y ha pasao el alambrao como si nada. Y cuando el Duende si ha ido ‘i salío corriendo buscando a los grandes en la casa de al lao.  Yo m’i dao tal susto que ni me acuerdo que’i hecho. ‘I salío corriendo pa’ la casa donde estaban los grandes. No me acuerdo que ha pasao, pero i’salio corriendo del susto.

En serio, de verdá, yo lo’i visto al Duende, concluyó como queriendo asegurarse que le crean.

En medio del relato algunos de los presentes asentían y acotaban ciertas cosas de aquella historia que sin dudas vienen escuchando desde hace tantos años. Que si es verdad o no, no podemos asegurar, pero ella y sus parientes están convencidos de que es cierto.

 

Textos extraídos del libro Catamarca, Ensueño y Leyenda de Rodolfo Lobo Molas, editado por Secretaría de Extensión Universitaria Catamarca, 2005.
Dibujos: Folcloredelnorte.com.ar
Producción: CatamarcaPress

 

 

 

 
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
                         
 

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