Los Aborígenes de Catamarca
Cap. III

Continuamos desarrollando en capítulos la historia aborigen de Catamarca. Esa historia que vemos superficialmente en los manuales escolares y en las aulas de las escuelas provinciales. Pero la historia aborigen de Catamarca se remonta a cerca de 12.000 años, según los últimos estudios realizados.

Los indios antes de la llegada de los conquistadores (continuación)

Decíamos en el capítulo anterior que tal vez lo más interesante para destacar en este trabajo, sean las culturas del Período Tardío, que precede inmediatamente a la llegada de los conquistadores españoles y del Imperial Incaico, puesto que son sus restos los que mayormente vemos en los sitios arqueológicos de la provincia.

Los distintos grupos que habitan el Oeste catamarcano tienen sus propios parámetros en lo relativo al arte, pero en general el modus vivendi es el mismo.
En lugares un poco más altos están los Pucaras o pucaraes donde habrían vivido los personajes más prominentes, mientras que al pie de ellos están los centros urbanos y luego se encuentran las viviendas rurales de aquellos vinculados a la producción agroganadera.
Las obras hidráulicas son tan destacadas que algunas han llegado hasta nuestros días en muy buen estado de conservación.
Además de la ganadería de la llama, en la agricultura utilizaron la papa, el maíz, el zapallo, y recolectaron frutos como algarroba, chañar, mistol entre otras especies autóctonas.
En la cultura Santa María se destaca también junto a la cerámica el uso del bronce en distintos elementos tanto decorativos como de herramientas.
Los tradicionales morteros tenían usos diferentes. Los pequeños y cercanos a las viviendas se utilizaban para usos culinarios, mientras que los más grandes, que estaban un tanto alejados, eran de uso minero.


Morteros aborígenes en piedra en el Dpto. Santa María

La cultura Belén tiene también un importante trabajo del bronce.
Nuevos estudios van indicando que la ocupación incaica en nuestra provincia y en el noroeste se habría dado unos cien años antes de lo que las crónicas decían hasta ahora, es así que esta ocupación habría llegado alrededor del 1380 DC.
La presencia del Imperio Inka o Tawantinsuyu produjo grandes cambios en la vida de las naciones diaguitas. Cuando llegaron los españoles se encontraron con una cultura ciertamente importante, diferente, claro, de la europea, pero muy  destacada.
Deberíanse conocer las culturas maya y azteca para comprender el esplendor de estas civilizaciones en franco desarrollo. Pero ahora, veremos cómo era la presencia indígena cuando llegaron los wiraqocha o huiracocha, los hombres blancos de largas barbas y extrañas vestimentas.
Poco más de cien años antes de la llegada de Colón a América el Imperio Inka se expandió hacia nuestra región. Pero no se sabe aún con precisión si el Tawantinsuyu extendió sus dominios al Sur del Imperio por la fuerza de la guerra o de un vasallaje voluntario del tipo de protectorado, pero no creo que sea posible esto último a sabiendas del orgullo, del amor a la libertad y de la bravura de los diaguitas y sobre todo de los calchaquíes. Sin embargo algunos cronistas, como el Inca Garcilaso en sus Comentarios Reales,  dicen que estando Capa Inca Viracocha en Chuqui-Chaca (luego Charcas) vino una embajada del Reino de Tucma, (que algunos llamaron Tucumán y que para Adán Quiroga no es el mismo Tucumán de San Miguel, sino que está ubicado en el corazón de los valles del Oeste catamarqueño), a suplicarle que los recibiera bajo el manto de su imperio. El Inka Viracocha, (que tenía igual nombre que una de sus deidades) habría contestado complacido que los inkas trataban mejor a los que se sometían pacíficamente que a los rebeldes.
Sin embargo Kriscautzky sostiene que la invasión de los inkas se produjo de manera rápida y violenta y que realizaron importantes cambios en las vías de comunicación.
Allá por el 1480 los inkas ya habían construido el Camino Real que internándose por la Quebrada de Humahuaca, se extendió a través de Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, San Juan y en Mendoza hasta el Puente del Inca que lo llevaba directamente a Chile. Fray Reginaldo de Lizárraga, que lo recorrió a mediados de los 1500 da cuenta de él.
El Tawantinsuyu estaba dividido en provincias. El Kollasuyu tenía las provincias de Humahuaca con su capital Tilcara, Chicoana con su capital La Paya. Hacia el valle Calchaquí el kuraka que regía los destinos de otra provincia estaba radicado en Tolombón, mientras que en el área de Catamarca uno de los centros era el Pucara de Aconquija y en La Rioja la Tambería de Chilecito.
Las construcciones por su parte estaban ejecutadas en función de los destinos que tuvieren. Las kanchas o habitaciones se construían de determinada forma. De igual modo ocurría con las tamberías o Tanpu que eran paradores relacionados con el transporte. (Según Lafone Quevedo, la llegada de vacas lecheras para provisión de los viajeros, dio este nombre posteriormente –sobre todo en el litoral- a los establecimientos dedicados a la lechería y que aún hoy se llaman tambos). Los sitios dedicados a las comunicaciones se llamaban Chaski Wasi, mientras que las construcciones de frontera, especialmente destinadas a la defensa eran los Pucaras. Varios fueron los sitios rituales, entre los que se destaca El Shincal, en Belén, recientemente excavado y aún en proceso de trabajo arqueológico.

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Vista panorámica de parte de El Shincal de Quinmivil, en el Departamento Belén.

Otro tipo de construcciones son las que se observan en Watungasta, (hoy La Troya) entre Tinogasta y Fiambalá, destinadas a viviendas, manufacturas y redistribución. Desde luego que hay más sitios de estas características pero sirvan éstos de referencia.
Los métodos de construcción son los que acostumbraban a utilizar los diaguitas, pero los modelos de distribución y forma de las construcciones son las que trajeron los inkas, que sin dudas deben también haber influido en el modus operandi de las construcciones.
Construían con adobe o piedras o una combinación de estos elementos, mientras que también eran expertos en obras hidráulicas y control de aluviones. La minería era muy importante tanto en el oro como en la plata, pero también conocían el bronce y el cobre. La industria textil fue por demás valiosa para las naciones indígenas y para los nuevos amos incaicos.
La cerámica, según las zonas, tenía características propias y fue de gran calidad artística, habiéndose recuperado para nuestros museos varias y destacadas piezas que podemos observar y admirar en casi todo el territorio provincial.

(Continuará)

 

Textos: Libro Catamarca Ensueño y Leyenda, de Rodolfo Lobo Molas, editado por Secretaría de Extensión Universitaria de Catamarca.
Fotos: Alejandra Lobo Heredia, Internet
Producción: CatamarcaPress © 2011

 

 

 

 
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
                         
 

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