
EL TAWANTINSUYU Y SUS COSTUMBRES
Capítulo II
¡Qué poco se nos ha enseñado sobre las culturas indígenas de Catamarca y el Tawantinsuyu. Por ello, en varios capítulos, iremos aprendiendo algo más sobre nuestros antepasados andinos. Aquí la segunda parte de esta historia.
Habíamos dicho que una vez que en los territorios conquistados hubieran organizado la política, la religión y el ejército, se ponía en práctica la Ley Agraria , que aseguraba a todos los habitantes la provisión de alimentos.
El territorio era dividido en tres partes que se destinaban al Sol, al Inka (el emperador) y al pueblo.
Cada familia recibía una vivienda pero no era a perpetuidad, sino en carácter de préstamo que se renovaba cada año, para poder redistribuir las propiedades según el crecimiento de la población. A cada nuevo matrimonio le correspondía una vivienda, pero no existía el principio de la herencia de la propiedad inmueble, y anualmente se renovaba la tenencia o se adjudicaba otra.
 |
|
Se organizaban de tal manera que cada cual tenía una función que cumplir: a unos correspondía el trabajo del campo, a otros la construcción de terraplenes, otros se dedicaban a la construcción de rutas, a la caza de aves, a la construcción de viviendas, a la agricultura, a las artesanías, etc.
El ocio era un delito de estado. Pero es bueno saber que sólo trabajaban unas horas al día y tenían luego tiempo para el descanso y el esparcimiento. Como las modernas concepciones de trabajo de los llamados países del primer mundo, que no aplican igual a los que están en vías de desarrollo. Por ello el excesivo trabajo que les impusieron los conquistadores hicieron estragos y produjeron el gran holocausto americano. |
El producto de las cosechas si bien eran propiedad del Inka, éste lo distribuía entre sus vasallos y sobre todo en las épocas magras. Los alimentos se conservaban en las kollcas que eran grandes silos.
Cuando se organizaban las cuadrillas de constructores se priorizaban las viviendas, sobre todo de viudas y ancianos, huérfanos y matrimonios.
El Inka estaba siempre al tanto de las necesidades de sus súbditos y para ello enviaba inspectores que veían si había abusos o necesidades y obraba en consecuencia.
Los chasquis eran un sistema de transmisión de información o correo que cubría todo el imperio. A lo largo del Capacñan o camino real, había tamberías en donde los chasquis se renovaban. Debían recorrer la distancia entre un Tampu y otro a la carrera y sin detenerse y recién descansar cuando llegaran a uno y transmitieran la noticia, que era llevada desde allí por otro chasqui. De tal modo que en muy poco tiempo podían enviarse órdenes y mensajes en general de un punto a otro del imperio. La noticia no descansaba hasta llegar, por este medio, a su destino. Por ello en los tampus estaban los corredores más veloces del imperio y la información llegaba en muy pocos días cuando la distancia era muy larga.
El Inka visitaba las provincias cumpliendo lo mandado por la ley. Llevaba allí las soluciones a los problemas que le hubieran enviado por medio de los chasquis, y que no se hubieran subsanado a través de otros jefes menores. |
|
 |
Como el Inka era de carácter divino, las recepciones en los pueblos que visitaba, como en su retorno a la capital eran apoteóticas.
Se dividía el territorio en tres partes que se destinaban al Sol, al Inka (el emperador) y al pueblo.
En cuanto a la administración de justicia eran extremadamente estrictos. Cada pueblo tenía su juez y éste debía dictar un fallo ante cualquier asunto que se le presentase en un tiempo no mayor de cinco días. Si había apelación, los mismos jueces, en cada luna, viajaban a donde residía su autoridad superior, llevándola ellos y evitando que los litigantes deban costearse un agotador viaje.
No había clemencia al aplicar la ley, se trate de un allegado al Inka, sea un militar o un cacique. Su rango no importaba. La ley estaba primero. Y "no dejaban de mandar a ejecutar el castigo aunque fuese en sus propios hijos", dice Cieza de León.
Extractado del Libro Catamarca, Ensueño y Leyenda de R. Lobo Molas
Fotos: CatamarcaPress, Fernando Morales.
Continuará en el próximo número.