
JESUCRISTO O San La Muerte Una extraña como misteriosa devoción a Jesucristo, el culto a San La Muerte , cuya celebración se hace predominantemente en parte del litoral argentino y zonas del Paraguay, tiene también lugar en el interior profundo de Catamarca, en la zona del Salar de Pipanaco, en el Balde de San Antonio, un rústico poblado en medio de la sequedad del salar.
Se cree que los orígenes de estas celebraciones en América se remontan a la época de la expulsión de los Jesuitas, allá por el año 1767 aproximadamente.
Es así mismo conocido con los nombres de Señor de la Buena muerte, y Señor La Muerte. En algunos lugares se dice que es también el Cristo de la Paciencia , que espera paciente y serenamente la muerte.
El amuleto que lo representa sólo tiene efectividad si se encuentra bendecido por un sacerdote católico, en una muestra de claro sincretismo entre lo pagano y lo cristiano.
Es tradición que para lograr la bendición de la imagen, su dueño lo lleve escondido en una mano cerrada mientras le pide al sacerdote que bendiga una estampita que sostiene con la misma mano sin que se vea el amuleto, logrando la bendición de ambas cosas.
Para que los favores y gracias que se le solicitan al santo se cumplan, es necesario que la imagen esté bendecida por un sacerdote católico. Pero no es fácil hallar quien lo haga. Sin embargo el rito permite que si no se encuentra, dos personas mayores y católicas lo bendigan.
Otra posibilidad es que si hay una iglesia, se lleve la imagen a la misa y cuando al final el celebrante imparte la bendición, se tenga la imagen escondida en la mano para que también la reciba. A partir de ese momento la imagen puede obrar milagros y cumplir los deseos de quien los pide, que es su dueño.
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Luego hay que llevarlo durante siete viernes seguidos a otras tantas iglesias. Después ya se lo puede utilizar para lograr hacer un "mal" a alguna persona enemiga, a través de oraciones.
Sin embargo también se cree que sus poderes son benéficos, es decir que invocándolo se pueden lograr gracias y favores que no signifiquen ni daños ni venganzas en otras personas.
Además del amuleto pequeño, hay otras imágenes de diferentes tamaños. Según Rodolfo Walsh " Su representación es un esqueleto sentado o de pie que a menudo lleva una guadaña. Incontables fieles le rinden un culto semisecreto, que culmina el 15 de agosto con las "misas" que le ofrecen ante los altares de las capillas privadas". |
Esto nos da la pauta que sus devociones son diversas en formas y fechas. Se conmemora a San La Muerte el Viernes Santo y el Día de Todos Los Muertos ya que, según se cree, centraliza en si el poder de estos últimos. También se le dedica en algunas regiones como día especial el 15 de agosto (día de la Ascensión de María) y en otras el día 20. En el caso de esta festividad en Catamarca, se realiza en el mes de Enero.
Un porteño viajero y enamorado de Catamarca, Leandro Montaña, descubrió su devoción en el interior profundo de nuestra provincia y nos obsequió con las fotos que ilustran este artículo.
Allí grande fue su sorpresa por esta celebración desconocida en nuestra Catamarca, pero que ha calado hondo en las creencias populares. Al relatarnos su descubrimiento nos decía: " Para mí fue increíble encontrar que una capilla lo veneraba en medio del Bolsón de Pipanaco. Parece que se trata de un culto que se da en lugares donde el desarrollo de la vida toma senderos extremadamente difíciles. En Buenos Aires es el santo venerado en los lugares más empobrecidos, y muchos delincuentes lo invocan para que su trabajo salga bien. Dicen que, para que te cumpla, tenés que esconderlo. Mi imagen (comprada en una santería de Buenos Aires) está escondida tras los libros de mi biblioteca, pero es porque en casa les da susto".
El sacerdote que iba junto al grupo con Leandro, no participó de la celebración, pero estuvo presente observando.
San La Muerte no está en ningún santoral, pero pervive desde hace siglos en el sentir popular y las creencias muy arraigadas de la gente de los pueblos en un sincretismo entre lo pagano y lo cristiano, convencidos de su poder y de su gracia. Y para los que tienen fe, es eso lo único valedero.
Textos: Rodolfo Lobo Molas
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