Los combustibles no se comen

Hacen apenas dos años los miembros del Parlamento Europeo han votado para reducir significativamente las metas de promoción de los biocombustibles a la luz de la clara evidencia de sus efectos sobre los precios de los alimentos, las personas y la biodiversidad, y su fracaso para combatir el cambio climático. Ahora un artículo publicado en Ecoportal.com informa sobre una serie de medidas fiscales que llevan a que muchas empresas dejen de comercializar biocombustibles en el Reino Unido, sin embargo aún hay, sobre todo en los países pobres o emergentes, hay una campaña a favor de esta nueva fuente de carburantes.

Europa tiene el compromiso de alcanzar en 2020 el 10% de utilización de fuentes renovables en el transporte, biocarburantes incluidos. Según Tim Rice, autor del informe, si se cumplen estos objetivos "hasta 100 millones de personas más podrían pasar hambre", debido a las necesidades de tierras cultivables para producirlos, dice un artículo de Ecoportal.

El uso de alimentos como el maíz, para producir biocombustibles provoca que se destinen tierras, obreros y semillas para producir un alimento que no llegará a la mesa de millones de seres humanos, sino a los tanques de combustible de los automotores.

De tal suerte que, miles de personas de los países más pobres verán no sólo reducida su cantidad de alimento, sino que lo que se encuentre tendrá un costo muy elevado, producto de la mucha demanda y la poca oferta, pero lo que es peor, los llevará a una muerte segura. Muerte más que injusta (si acaso hubiera una que fuera justa) porque habiendo alimentos, éstos se destinan a paliar un supuesto ahorro de combustibles fósiles y una reducción de los efectos nocivos sobre la atmósfera, que parecen no han sido tan significativos como se esperaba y que al final, causan un daño peor que el que se pretende evitar.

Algunos sostienen en defensa de este nuevo producto, que apenas un 4% de la producción de alimentos se destinan a producir biocombustibles, en una manipulación encubierta del problema, por eso nos preguntamos, ese 4%, ¿cuántas vida podría salvar? ¿Cuántas personas podría alimentar?

Manoel Santos, biólogo y director del suplemento Altermundo.org , afirma que "entramos en una manipulación intencionada, pues con el prefijo "bio" la mayor parte de la gente entiende que es "muy ecológico" y nada más lejos de la realidad. Sería más correcto hablar de agrocombustibles, pues proceden de actividades agrícolas".

Producir cinco litros de bioetanol (que es la bionafta) suponen 230 kilos de maíz, una cantidad que alimentaría a un niño durante un año.. Además mientras que en la agricultura tradicional, en diez hectáreas trabajan de siete a once personas, en la producción de biodiesel por cada 10 hectáreas sólo hay un empleado, por lo que otra consecuencias negativa será el aumento del desempleo según vaya creciendo la demanda de este tipo de combustible, informa el sitio web salvadorbiedma.com

El biodiesel es un equivalente energético al gasoil, mientras que el bioetanol equivale a las naftas. El primero se obtiene del procesamiento de aceites vegetales de la colza, palma africana, soja, girasol o maíz. El segundo es un alcohol que se obtiene del azúcar de la remolacha o caña de azúcar, y también del almidón del maíz, la cebada o el trigo.  

Según un informe aparecido en el portal Energíaslimpias.org. surge una pregunta sobre si   ¿puede el 5% de componente vegetal que exige la ley argentina para 2010 aportar alguna mejora importante al medio ambiente?  Y allí mismo contestan: La respuesta es no. Y continúa diciendo el artículo que tal como señala el especialista norteamericano David Modersbach,  no hay beneficios en proporciones menores al 50%.

Además la gran rentabilidad que supone el sembrar, por ejemplo soja, contrasta con los inconvenientes que significa la cría de ganado, por lo que muchos cambiarán el rubro y habrá también escasez de carne, con el consiguiente aumento de precios y la disminución de las posibilidades de la población de acceder a ella. Sin embargo e stá comprobado que estas prácticas erosionan el suelo de tal manera, que la FAO ya ha advertido que al ritmo actual desaparecerán próximamente 500 millones de hectáreas de tierras arables. Y eso, indudablemente, repercutirá en una falta de alimentos y hambre.

Aunque sea poco, el aporte al medio ambiente es necesario, pero si a cambio de tan poco aporte se genera un problema alimentario mundial, entonces el uso de biocarburantes es simplemente nefasto. Porque lo primordial debe ser la alimentación, pues no es moral que para que algunos puedan transportarse con comodidad y economía, otros deban morir de hambre. Una desproporción y una incongruencia descomunal, en un planeta donde están dadas todas las condiciones geográficas y naturales para que no escaseen los alimentos.

En el sitio web salvadorbiedma.com se indica que según cifras de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) mueren por hambre por año 35 millones de personas en todo el mundo. Y dice que "Esta desafortunada cifra contrasta con el dato de que en el mundo se producen cada año alimentos para dar de comer a 12.000 millones de personas, es decir, al doble de habitantes con los que cuenta el planeta, según datos del Fondo para la Agricultura y la Alimentación (FAO)". Y continúa expresando que "con la producción de combustibles basados en oleaginosas, según los expertos, estas cifras van a aumentar y vamos a retroceder varios años atrás en la lucha contra el hambre en el mundo, que ya por si ha sido malísima".

De acuerdo a lo informado en el sitio Periodista Digital, "Corinne Alexander y Chris Hurt, de la Universidad de Purdue (Indiana), señalan en un extenso análisis que la demanda de maíz y soja aumentó rápidamente durante los primeros años de la era de los biocombustibles, cuya producción despegó con fuerza alrededor del año 2000. Eso hizo que subieran los precios de ambas cosechas y se tradujo en un incentivo para destinar más tierras a esos cultivos, sobre todo el maíz, lo que redujo el espacio para otros productos, que también se encarecieron, al continuar la demanda y contraerse la oferta. Los cambios en el precio del trigo se trasladaron a la harina, el pan y otros derivados. La suba de la soja se reflejó en los aceites para cocinar y la margarina. El pollo, la carne de ganado y los lácteos también subieron, ya que los citados animales son grandes consumidores de maíz y soja".


El aumento de las superficies cultivables significa una deforestación de los bosques nativos con las consecuencias climático-ambientales que ya son harto conocidas, pero además destinar esas tierras a producir alimentos para biocombustibles, entraña factores como suba de precios de alimentos por menor oferta, disminución de la cantidad de alimentos para consumo humano y por ende aumento del hambre lo que significa también aumento de la mortalidad.

 

No es algo sencillo de solucionar si los países ricos siguen empujando a los pobres a la producción de alimentos para combustibles. Pero tampoco es sencillo que los grandes capitales inviertan en estudios de energías alternativas como electricidad o agua para el uso en automotores, porque antes que las necesidades y conveniencias de la humanidad, están los intereses y conveniencias de las grandes empresas y corporaciones. Y en esos casos el hambre es algo que ocurre lejos y donde el sufrimiento ajeno no se ve, y ya lo dice el refrán.. Ojos que no ven. Pero también podemos decir que es muy difícil entender el hambre ajeno, cuando se tiene el estómago lleno.

Producción: CatamarcaPress
Fotos e ilustraciones: Internet

 

 
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
                         
 

Inicio - Institucional - Declaración - Correo de lectores - Cartas al Director - Numeros anteriores - Contacto

CatamarcaPress Copyright © 2009 - 2010 - Todos los derechos rerevados - ISSN 1853-0672 - Webmaster