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Ésto también es Historia
Edgardo, un argentino en el Titanic A partir de este número comenzaremos a publicar hechos históricos poco conocidos, mayormente relacionados con nuestro país. Los artículos son una colaboración inestimable de un gran amigo: Juan Pablo Navarro (*) Hoy nos cuenta de un pasajero argentino en el Titanic y de origen del Dulce de leche. Pero como todo lo que nos acercará Juan Pablo, no siempre es como uno creyó que era. Cuando se produjo la huelga de carboneros ingleses en abril de 1912 la compañía de barcos White Star Line tuvo que suspender los viajes de tres de sus naves: el Majestic, el New York y el Oceanic. Debía guardar todo el carbón disponible para su nueva estrella: el Titanic.
En el Oceanic, para el día 17, tenía un pasaje el cordobés Edgardo Andrew, debía asistir a la boda de su hermano Silvano Alfredo en Nueva Jersey, Estados Unidos el día 27 de abril. Hay que decir que la suerte de Edgardo no era para envidiarla, su novia, Josefina Cowan, llegaba a Inglaterra el día 14 ó 15 de abril, por lo tanto podrían verse y tal vez, viajar juntos a Estados Unidos. La antedicha huelga hizo que el viaje del Oceanic se reprogramara para un par de semanas después, pero ofrecieron a los pasajeros la posibilidad de canjear los pasajes por lugares en la Segunda Clase del Titanic, que partía el 10 de abril, Edgardo embarcó ese día en el Puerto de Southamptom y sus esperanzas de encontrarse con su novia se esfumaron. A las 23:40 del martes 14 de abril de 1912, el Titanic chocaba con un iceberg, y comenza En la última carta que Edgardo le dejó a Josefina, quien llegó el 21 de abril, decía en un párrafo: "Figúrese Josey que me embarco en el vapor más grande del mundo, pero no me encuentro nada de orgulloso, pues en estos momentos desearía que el Titanic estuviera sumergido en el fondo del océano." Fue ese el único que deseo que la suerte le concediera. La valija de Edgardo fue rescatada en agosto de 2000. Manteca y Dulce de Leche
Desde principios del 1900 las familias mas pudientes de Argentina se tomaban vacaciones muy largas, de casi un año, enviaban a sus hijos a estudiar a Europa y, ya sea durante el viaje ó ya en las grandes ciudades europeas, se encargaban de no pasar desapercibidos. Como los viajes duraban 30 días ó un poco mas, para entretenerse, los jóvenes ideaban juegos y bromas. Una de esas bromas, que luego identificaría a los argentinos en la Paris de los años 20, era la de arrojar manteca al techo utilizando una cucharita a modo de catapulta y el chiste consistía en que la manteca se derritiera y cayera sobre alguien, manchándolo. Eran muy graciosos nuestros antepasados. En 1936 visitó la Argentina Igor Stravinsky, respondiendo a una invitación de Victoria Ocampo, que por aquellos años dirigía la revista Sur y quería que el gran maestro ruso presentara en Argentina las obras que ella había disfrutado en 1913 en Paris. Lo curioso de esta historia es que, el día de la recepción, Doña Victoria quiso sorprender al visitante con una delicia típica argentina y la elección fue: el dulce de leche, aquel que, sin querer, fuera inventado por una olvidadiza criada de Rosas un día de agosto de 1829 cuando su patrón se reunía con el Gral. Lavalle en Cañuelas. Pues bien, terminado el almuerzo llegó la hora del postre, se sirvió a todos los presentes el delicioso dulce de leche. Stravinsky se llevó la cuchara con dulce a la boca, todos vieron como el maestro se deleitaba con el maravilloso "invento argentino" y dijo: "mmmh, kaimak". Juan José Castro, que oficiaba de traductor, les anunció al resto de los invitados, dice el maestro que "es un kaimak exquisito, en Rusia lo comemos desde siempre". Tal vez el dulce de leche no sea tan argentino como nos enseñaron. Fuentes Nota Titanic: Fuentes Nota Dulce Leche:
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