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Breve historia de la Virgen del Valle de CatamarcaCapítulo IIIContinuamos con la publicación, en capítulos, de la Historia de la Virgen del Valle, que es venerada en Catamarca desde hacen casi 400 años, aunque fue en 1891 cuando se produjo su coronación pontificia. Incontables son los milagros que se atribuyen a la Imagen , muchos son harto conocidos pero otros no han tenido tanta trascendencia, por lo que aquí relatamos algunos. El Mulatillo Ana era la esclava de una respetable dama, la señora Mariana Navarro Velasco, pero no podía tener hijos. Su patrona hizo entonces la promesa que si Ana daba a luz, entregaría el vástago al servicio de la Virgen. Cuando nació el mulatillo (así lo denominan las crónicas de la época) al verlo fuerte y robusto la patrona parece olvidó la promesa. Cierta vez, estando el hermano de Mariana en su casa, llega corriendo la esclava diciéndole que su pequeño hijo de poco más de un año de edad estaba muerto en su cuna. Ana trae su pequeño hijo y la patrona y su hermano constatan que está muerto. Mariana cree que su incumplimiento es causa de tal desastre y entonces llena de arrepentimiento lleva al niño en brazos hasta la iglesia y al pie de la Virgen ruega por la resurrección del mulatillo y renueva su promesa. Ante el asombro de los presentes el pequeño vuelve a la vida y Mariana cumple su promesa poniéndolo al servicio de la Virgen. En el año en que se levantó la Información Jurada , el mulatillo Juan, aún servía a la Iglesia y tenía ya cerca de cincuenta años. La hija del General En otro caso se relata que muy de corta edad falleció Ana, hija del General Antonio de la Vega y Castro. Éste, desesperado por la noticia, regresa presuroso a su casa y encuentra que en verdad su pequeña niña estaba muerta. Desconsolado lleva al niña a los pies de la Virgen que estaba en la Iglesia distante a media legua. Allí colocó la pequeña "cerca del nicho (lugar donde se tenía la imagen) de Nuestra Señora del Valle y de allí, con asombro de los que le acompañaban la sacó viva y sana", según el relato de un testigo.
La adolescente tucumana Mucho más acá en el tiempo, en 1884 el fraile catamarqueño Fray Bernardino Orellana, el mismo que gestionó en Roma la Coronación de la Virgen , fue testigo y partícipe de un hecho extraordinario. Lo comentó luego en un sermón pronunciado en la Catedral de Catamarca el 2 de Mayo de 1885. Llamado por la familia de una niña de quince años que agonizaba, el padre Orellana fue a administrarle los últimos sacramentos, cometido que no pudo cumplir por la alta fiebre que la tenía casi sin conciencia. Horas después es llamado nuevamente ante la gravedad del estado de salud y con el pedido familiar de que hiciere una promesa a la Virgen el propio sacerdote. Llegado a la casa encuentra a la niña en muy mal estado e intenta de igual modo administrarle los sacramentos. Sorpresivamente la joven recobra los sentidos y queda en plenitud de sus facultades mentales y permite una confesión a toda conciencia e incluso dice que confía en que la Virgen le salvará la vida. Mas, pasado un corto tiempo vuelve a ser presa de la fiebre y su salud continúa resquebrajándose fatalmente. El 29 de Febrero de 1884 (año bisiesto) es llamado de urgencia Fray Orellana porque la niña agonizaba para que le diera la última asistencia. Dice el sacerdote en su homilía: "...estando ocupado en ese caritativo ministerio, ví en la agonizante, con sorpresa, pero con calma... perdido el pulso, su color pálido, sus extremidades frías y todo su rostro desencajado: señales eran éstas para mí casi infalibles de haber expirado la enferma: era un muerto, era un cadáver..." "...No pasarían ocho a diez minutos -dice el padre Orellana- que yo contemplaba a mi enferma un frío y yerto cadáver, cuando la veo reanimar sus desfiguradas facciones, abrir repentinamente los ojos, incorporarse en la cama, y luego pedir una imagen de María Santísima que estaba a su lado a la que, estrechando entre sus brazos, dirige ciertas exclamaciones... imperceptibles..." La enferma no presentaba signos de haber recobrado la salud totalmente. Continuaba con sus dificultades para hablar, tomar agua e ingerir alimentos. Mientras tanto el fraile, recluido en un rincón de la habitación oraba rogando por la salud de la pequeña. Allí estaba, dice Orellana, "...cuando me avisan que la enferma comienza de nuevo a desfallecer... y veo en ella los síntomas precursores de la agonía... y por fin la veo exhalar el último aliento, expirar y morir por segunda vez. ¡Oh Gran Dios!..." "...Examiné repetidas veces su cuerpo, y en todas descubrí las inequívocas señales de una muerte cierta y real... las enfermeras que habían dispuesto la ropa y botines para vestir este cadáver, se acercan y rodean el lecho mortuorio, insistiendo que yo me separara de él, y diera lugar para ellas cumplir el último y caritativo deber de amortajarla antes que les impidiera la rigidez cadavérica..." Instantes después "... este yerto cadáver, como movido por un soplo divino, se reanima, reacciona y vuelve a la vida; en una palabra, resucita y da signos nada equívocos de una vida real y subsistente... pero mis ojos se resisten a creer lo que ven... se incorpora y, hablando con voz natural, clara y sonora, pide que le alcancen agua, la que bebe sin impedimento ni estorbo; y para confirmar hasta la evidencia la realidad de la vida que acaba de recobrar, pide inmediatamente qué comer, se le trae, y después de comer con avidez y gusto, toma un poco de vino y entra, pasados algunos minutos en un sueño suave, sosegado y tranquilo como una persona que goza de buena y robusta salud...
En una próxima entrega contaremos más milagros de la Virgen del Valle de Catamarca. Continuará. Textos: del libro Catamarca Ensueño y Leyenda, de Rodolfo Lobo Molas
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