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Día del Periodista El 1º de Junio es el Día del Periodista Aeronáutico, pues la fecha recuerda que el 1º de junio de 1911, apareció el primer número del Boletín Mensual del Aeroclub Argentino, institución que congregara por aquellos años a quienes se dedicaron y fomentaron con entusiasmo la incipiente actividad aérea que se desarrollaba en el país. El Aeroclub Argentino fue el segundo en su tipo fundado en el mundo. El Día del Periodista Aeronáutico fue instituido en el año 1967 por el Círculo de Escritores de Aeroastronáutica (CEA). Pero en general c onmemoramos el 7 de Junio el Dia del Periodista, que fue instituido en 1938 por el Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba, en recuerdo del primer medio de prensa con ideas patrióticas. El 7 de junio de 1810 Mariano Moreno fundó la "Gazeta de Buenos Ayres", primer periódico de la etapa independentista argentina. La Primera Junta indicó por decreto su fundación por ser necesario anunciar al público los actos oficiales y las noticias exteriores y locales. Sus primeros redactores fueron Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli. Es esta una fecha cara a los sentimientos de los trabajadores de prensa, pero que no debe ser sólo un motivo de festejo sino por sobre todas las cosas debería ser un día de reflexión, de análisis, de mea culpa. Reflexión que nos posicione sobre nuestro rol de comunicadores, que no se agota en la transmisión de las noticias, sino que se proyecta en el mensaje que nuestro accionar envía a cada uno de nuestros interlocutores, sean lectores, oyentes o televidentes. Cada uno de nosotros tiene su estilo, su manera de trabajar, su línea de pensamientos, su forma de ser. Pero eso no debe ser excusa para hacer de esta noble profesión un campo de batalla contra todo lo que esté frente a nosotros. Creer que el periodismo es libertad absoluta para decir lo que se nos ocurra, es un error en el que muchas veces incurrimos los trabajadores de prensa. La libertad tiene también sus límites. Límites que imponen no sólo la ética, el buen gusto, sino el sentido común y solidario. Porque hoy por hoy, el rating todo lo justifica y ese no es el camino honesto del ejercicio de nuestra profesión. Se nos hace fácil la crítica, el señalar con el dedo los errores ajenos, cual si fuéramos jueces impolutos de la sociedad, olvidándonos que somos simplemente periodistas, olvidándonos del axioma fundamental que no deberíamos desdeñar nunca: “la estrella es la noticia, no el periodista”. Pero muchos buscan brillar como estrellas antes que alumbrar como lámparas. Deberemos bajarnos del pedestal que nos encargamos de construir y tratar de vernos a nosotros mismos desde los ojos de la gente. Y desde allí comprender todas sus necesidades. Y buscar comprender antes que arrostrar. Deberemos reflexionar sobre nuestra actuación, muchas veces teatralizada, tantas otras demagógicas y otras tantas de búsqueda de fama, del aplauso social, olvidando una de las consignas básicas del periodismo : estamos para servir. Hoy muchos periodistas se han vuelto mediáticos, oscilantes, van y vienen a favor del viento, pero tambien es importante recordar que es tan dañino el periodismo que siempre aplaude por obsecuente, como el que siempre critica por opositor. La mayoría de la gente se cansa de tanto periodismo que cree que el camino es la crítica, la diatriba, la grosería, la falta de respeto a la persona, buena o mala, el insulto, la descalificación a los que lograron el éxito en distintos campos del quehacer cotidiano, la oposición sistemática a las autoridades de turno, el llevar a las marquesinas solo las miserias en vez de dar también buenas noticias, por creer que de lo contrario se es periodísticamente intrascendente, o porque -criticando- es la única forma de cobrar facturas de publicidad estatal que se demoran en hacerse efectivas, o porque no son capaces de generar o hacer algo mejor. Tanto el periodismo como la docencia deben ejercerse por vocación. Cuando se ejercen condicionados al salario, su desempeño cualitativo está supeditado a los beneficios cuantitativos. Salvo la del pensamiento, ninguna libertad es ilimitada. Dentro de la sociedad la libertad tiene límites que la contienen para que sea útil. La libertad de prensa no puede ser ajena a este principio. Hace algunos años un editorial del Diario Deportivo Olé daba ciertas pautas que compartimos, porque un periodista íntegro, imparcial “ No está para tirar pálidas ni tiene vocación de asociar las noticias sólo con las tragedias y las denuncias. ¿Es un acto de ingenuidad? ¿Acaso lo es buscar la mejor perspectiva en una noticia? ¿Es preferible criticar a comprender o mostrar que existe una salida en lugar de reprochar y pasar facturas? Ser amigable no es ser un tonto ni significa ser un amanuense y, mucho menos, ser cómplice de los que están en el po der”. Creemos que ejercer un periodismo serio, responsable y respetable implica tener la conducta de “ escuchar y de aprender, de explicar y dar datos y argumentos, de respetar la opinión del otro. Lo opuesto es sentenciar, algo muy propio del narcisismo o de la estupidez de los periodistas, que nos hace actuar como si fuésemos los dueños de la verdad. Porque no hay una sola verdad”. Debemos los periodista recordar la célebre frase de Boileau: “la crítica es fácil, el arte difícil”. Es necesario marcar lo que nos parecen errores pero desde una crítica constructiva, aportando ideas, soluciones. Ayudando a mejorar, a cambiar, a crecer. Si no, no sirve. Tal vez sea hora que nos miremos para adentro y recordemos las palabras de Italo Calvino, expresando la necesidad de alimentar el optimismo: habiendo tantas razones objetivas en el mundo exterior para deprimirse, ¿para qué le vas a agregar tu propio pesimismo, tanta desesperanza?”. Si a pesar de todo en el mundo hay tantas cosas buenas, ¿por qué entonces no comenzar a mostrarlas para dar ánimo y fuerzas para luchar contra el mal? ¿Para qué sumir más a la gente en tanta desesperanza? Toda realidad tiene también un lado positivo. ¿Por qué ocultarlo? ¿Quién dice que lo malo es prioritario? Vemos con lamentable frecuencia muchos periodistas que “incapaces de elevarse una pulgada sobre sí mismos buscan hacerlo sobre las ruinas de los demás”, será porque como dijo W. Churchil, “la gente no busca ser útil, busca ser importante”. Esta postura asumimos al decidirnos a encarar esta empresa, esta nueva publicación. Con estas premisas hemos empezado a trabajar y son nuestro norte. Buscamos t ener un mensaje esperanzador y optimista y no incentivar la desazón, la desesperanza, el pesimismo del lector, sin por ello ocultar o disfrazar la realidad, aún cuando fuera agobiante en sus problemas cotidianos, y buscamos también trabajar haciendo de la crítica -si fuera necesario- un aporte constructivo para lograr que la gente viva mejor. No se trata de generar una polémica entre colegas, se trata de encontrarse con uno mismo y reconocerse tanto en los éxitos como en los fracasos, en los aciertos como en los yerros, para poder construir un mensaje esperanzador, que informe, pero no desanime. Aunque ese periodismo no dé rating y aunque por ello deba rodar nuestra cabeza en manos de algún patrón mercader de la noticia, porque la dignidad y sobre todo la solidaridad, no tienen precio y no se negocian. Y sin esas virtudes, el ejercicio del periodismo es un despropósito. Rodolfo Lobo Molas
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